(Mt 7:17-20; 12:34b-35)
»Un árbol bueno no da fruto malo. Tampoco
un árbol malo puede dar fruto bueno. El árbol
se conoce por su fruto. No se recogen higos de
espinos. Tampoco se cosechan uvas de las zarzas.
El que es bueno lo es en su corazón y
habla de lo que tiene allí, de igual manera el
malo lo es en su corazón y habla de lo que tiene
allí; porque las palabras revelan lo que hay en
el corazón.
Un día cualquiera, se sienta a tu lado un perfecto extraño y las circunstancias hacen inevitable que tengas que hablar aunque sea unos minutos. Te propongo que elimines todo filtro mental, deja fluir el corazón, no censures lo que digas. Será como desnudarte e incomodará que te vean tal cual eres, tal vez notarás que te miraran fijamente, estarán intentando ver dentro de ti en busca de más. Es el objetivo de mi blog, que puedas verme y despertar en ti la necesidad de mostrarte.
sábado, 11 de abril de 2009
Dos clases de frutos
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