(Mt 7:17-20; 12:34b-35)
»Un árbol bueno no da fruto malo. Tampoco
un árbol malo puede dar fruto bueno. El árbol
se conoce por su fruto. No se recogen higos de
espinos. Tampoco se cosechan uvas de las zarzas.
El que es bueno lo es en su corazón y
habla de lo que tiene allí, de igual manera el
malo lo es en su corazón y habla de lo que tiene
allí; porque las palabras revelan lo que hay en
el corazón.
Un día cualquiera, se sienta a tu lado un perfecto extraño y las circunstancias hacen inevitable que tengas que hablar aunque sea unos minutos. Te propongo que elimines todo filtro mental, deja fluir el corazón, no censures lo que digas. Será como desnudarte e incomodará que te vean tal cual eres, tal vez notarás que te miraran fijamente, estarán intentando ver dentro de ti en busca de más. Es el objetivo de mi blog, que puedas verme y despertar en ti la necesidad de mostrarte.
sábado, 11 de abril de 2009
Dos clases de frutos
Ciclos
Siempre noté la existencia de cierto patrón en los sucesos de mi vida. Es como una rueda de la fortuna, solo que no es liberada al azar, me toca caer en cada una de sus posiciones y de forma secuencial. Cuando alcanzo a dar una vuelta completa se que el próximo paso será caer nuevamente en la primer posición para iniciar un nuevo ciclo.
En algún momento consideré que era un retroceso estar haciendo algo que ya años atrás había sufrido. Más de una vez dije a mi mismo que estaba cayendo nuevamente en alguna historia vieja. Hoy pasado los años, presumo que no solo caí en viejas historias, sino que lo haré nuevamente, una y otra vez, y que cada vez que ocurriese sería una nueva oportunidad.
Cada ciclo completo me deja una enseñanza, y luego de pasado puede haber aprendido mi lección o no. Si no aprendí mi lección estaré condenado a repetir nuevamente el ciclo, con el riesgo de pasar mi vida entera como una ardilla en su rueda sin fin. Si aprendí la lección, viviré esta etapa de forma distinta, y como resultado podré hacer algo de forma diferente. Luego de roto el ciclo, caeré en otro, y comenzaré a girar nuevamente, y otra vez tendré que aprender o no.
Tal vez eso sea la vida, una gran torre de ruedas giratorias, y probablemente tenga que saltar de rueda en rueda, rumbo a un lugar que desconozco por no haber aprendido lo suficiente aún.
Luego de meditar sobre esto, puedo recordad que conocí gente que perfectamente podría decir paso su vida girando en la misma rueda, estancados en un mismo lugar, y precisamente por no aprender, nunca pudieron hacer algo distinto, sufriendo en consecuencia el nunca lograr un cambio.
viernes, 10 de abril de 2009
Nuestra soledad
Todo se mueve vertiginosamente, caótico, enredado y complejo. El mar no deja de golpear las rocas, las rocas no dejan de golpear el mar. Un eterno círculo vicioso del que no puedo escapar por ser normal. A un lado todo gira mas lento, y ahí veo mis padres, mi infancia y muchas cosas más, un lienzo que no se cuando fue que abandoné para subir en esta máquina. Creo haber evolucionado, creo haber avanzado, pero comparo y no distingo los avances de los retrocesos, solo veo cambios, caóticos como las olas del mar. Entre los cambios, las olas y las rocas, puedo verte a lo lejos, sentada en medio del caos, con tus cabellos totalmente en reposo, fuera del círculo. Entonces avanzo hacia ti, despojándome de la obra de mi vida, rumbo a tu soledad, que es donde no estoy solo. Tu soledad es cálida, suave e iluminada por tu sonrisa, que es un sol que nunca se esconde, no quiero irme de aquí.